TESTIMONIO

Necesito contaros lo que sucedió el día 9 de octubre, porque desde ese día mi corazón se partió por la mitad.

Tengo una niña de 2 años llamada Alba. Como cualquier niña es la alegría de mi casa. Lista, risueña y con un brillo especial en los ojos.

Dicho día acudimos al centro de salud de Torrent (C/Pintor Ribera) porque se encontraba un poco fatigada.

Entramos, dimos los datos, expliqué lo que le pasaba, y al poco tiempo entramos e iba conmigo de la mano.

La médica le auscultó y dijo: “Esta un poco fatigada, pero nada, tranquilo… le ponemos un aerosol y para casa… “

Yo le di las gracias a la medica y mi hija le dijo: “Adiós guapa” y la médica sonrió.

Bueno… pasamos al otro box y le pusimos la mascara.

A los 2 o 3 minutos de ponerle la mascarila mi hija empezó a  llorar y a sudar, y entre lloros me decía “papi, no… papi, no” y yo le tranquilizaba.

Entonces mi padre, que estaba allí conmigo, dijo:

“Algo no va bien, la noto rara.” Yo la miré, y en ese momento mi hija cogió mucho aire hasta llenar al máximo sus pulmones, luego soltó el aire y se desplomó.

Yo la cogí en mis brazos, y fui corriendo al box donde estaba la médica, y le dije “mira, mira!!”, y la cara de la médica cambió, se le desencajó y gritó: “LLAMAD AL SAMUR”

Pasamos a otro box, la tumbé en la camilla, y me puse a levantarle los pies pensando que estaba desmayada. Uno de los enfermeros le puso una mascarilla de oxígeno, pero como los pulmones y los bronquios estaban cerrados, no le entraba el oxígeno.

De repente, la manguera del oxígeno se salió de la botella debido a la presión, y se la volvió a colocar. La manguera se salió tres veces, y a la cuarta le solté las piernas a mi hija, cogí la manguera y le dije al enfermero: “SUJÉTALA, COÑO”

Volví a cogerle las piernas a mi hija, mientras otro médico o enfermero le cortaba la camiseta. Luego le quitó los calcetines y me dijo:

“Tranquilo, que ya viene el SAMUR”

Yo le contesté: “Creo que se ha hecho caca”

Entonces, ese hombre le quitó el pañal y le limpió, y seguimos esperando.

A los 10 minutos entró el medico del SAMUR dando un portazo. La auscultó y gritó dando unas palmadas: “PARADA, PARADA!! Vamos a organizarnos!! Tú búscale una vía, tú prepara jeringuillas de adrenalina y se las pones cada 2 minutos. Tú ponle el tubo.”

Mientras hacían eso, el otro médico del SAMUR salió y volvió a entrar con un maletín.

Una vez puesto el tubo, el hombre empezó a reanimarla una y otra vez y yo le solté las piernas y me retiré a un rincón del box.

Esto es una pesadilla de la que quiero despertar. Es increíble como en situaciones así es uno capaz de recordar hasta el más mínimo detalle. Recuerdo las caras de cada uno, los gestos, donde estaban…

Al que le puso el tubo a mi hija, le temblaba el pulso cosa mala, y el del SAMUR le preguntó si quería que lo pusiera él, pero se negó y lo puso él… Luego me enteré de que se lo tuvieron que cambiar en la UCI porque estaba mal puesto.

El del SAMUR, al rato de estar reanimándola, le preguntó a la médica: “¿Qué coño le habéis dado? la médica, con la cara desencajada y agitando los brazos, dijo que un aerosol…

El hombre siguió reanimándola hasta que lo consiguió, al cabo de 30 interminables minutos. Le estaré eternamente agradecido.

A día de hoy todavía me pregunto por qué en un centro de salud de URGENCIAS, que su propia palabra lo dice, tuvimos que esperar al SAMUR….

No consigo entenderlo…Por qué tuvimos que esperar para empezar la reanimación, y no ir adelantando la faena.

Si esto hubiese pasado en la calle, ahora mismo no tendría esta sensación de impotencia y rabia.

Lo teníamos todo allí… TODO… ¿por qué tuvimos que esperar al SAMUR?

Escribo esto para denunciar la situación por la que tuvimos que pasar, para que tengáis cuidado, porque esto que me ha pasado a mi, podría pasarle a cualquiera de vosotros…

A día de hoy, cierro los ojos y me imagino a mi hija entrando por la puerta de mi casa corriendo hacia mi, diciéndome “Papá, te quiero mucho”

Luego abro los ojos y observo la triste realidad… a una niña de 2 años, con parálisis cerebral, ceguera, rigidez extrema y una expresión de dolor permanente en su cara.

Solo duerme 2 o 3 horas diarias… el resto del tiempo se lo pasa llorando.

Los medicamentos que toma a día de hoy en desayuno, comida y cena son: RIMPAT, NEURONTIN, FENITOINA, KEPRA, LUMINAL, RISPERDAL, SIRDALUP, BUDESONIDA, PROTOVID, MOTILIUM, OMEPRAZOL, DEPAQUINE, y MORFINA, cada 4 horas… además de llevar prótesis en los brazos, piernas y codos.

Este es el calvario de mi hija a diario.

Si hemos hecho algo malo en otra vida, ahora lo estamos pagando con creces… No descansaré hasta que la verdad salga a la luz.

A mis ángeles de la guarda.

Quiero agradecer de todo corazón a los chicos de la UCI, en especial a Mª Ángeles y Miguel, por su cariño.

A los Doctores Monteagudo, Begoña Ferrer, por demostrarme que son unos profesionales como la copa de un pino, y mejores personas aún.

A las enfermeras y auxiliares de escolares pediátricos de La Fe de Valencia, que son maravillosas.

En especial a la Dra. Patricia Smeyers, la neuropediatra que está tratando a Alba. Hemos notado mucha mejoría.

A Paqui, por hacernos pasar buenos ratos, dentro de lo malo…

A mis tías , Juani, Encarnita y Dolores… simplemente por estar ahí en todo momento. Mil gracias…

A todos mis familiares… papás, suegros, primos, tíos, abuelos, amigos…

Por todo esto, siempre ocuparéis un hueco muy especial en mi corazón. Gracias por hacernos la vida más agradable y llevadera, porque sé que siempre estaréis ahí, para lo que necesitemos.

Quiero agradecer también a todas esas personas anónimas que de alguna manera están participando en esta lucha. Espero que el caso de Alba no quede en olvido.

Solo me queda decirle a mi mujer, Ana, que la quiero más que a mi vida, y que con nuestro amor, dedicación y esfuerzo, nuestra hija se pondrá bien.

Me llamo Miguel Ángel Ojeda Alba, y prometo que no os fallaré NUNCA, que siempre estaré a vuestro lado, porque sois vosotras el motor de mi corazón

ALBA… POR TÍ LATE MÁS FUERTE MI CORAZÓN.

______________________

Esta es la historia de Miguel Ángel, Miguel, con acento en la i, como le llamamos casi todos. Una historia real, como podría ser la de un vecino, un amigo, o un conocido tuyo, de tu ciudad, de tu barrio, o de la finca de una persona que conoces, que dices que le han dicho…

Miguel, con acento en la i, es un muchacho joven, en estos momentos tiene 29 años, es de esa clase de personas que cuando te…la cruzas por la calle no tienes mas remedio que sonreír, porque su sonrisa es de ese tipo de sonrisas contagiosas, y si lo escuchas hablar sabes que terminas riendo, quieras o no.

Miguel lleva mucho tiempo con Ana, su mujer, tanto como 16 años, por tanto, la historia de Miguel es la historia de Ana, por todo lo que llevan compartido.
Hace 5 años, decidió aventurarse y montó una empresa, dedicada a la construcción de estructuras para obras. Los comienzos, como casi todos, fueron difíciles, pero con tenacidad y mucha, mucha paciencia logró remontar. Todo parecía funcionar a las mil maravillas, pero esto no duró demasiado. Las constructoras dejaron de pagar, las deudas empezaron a amontonarse, no quedó otra opción que cerrar la empresa, y para que los trabajadores no salieran mal parados, tuvo que solicitar más créditos, y así seguir creciendo las deudas.
Todo el asunto en manos de abogados, se solucionaría pronto. Pero los deudores se declararon insolventes algunos y desaparecidos otros.
Pasado un tiempo, Miguel empieza a trabajar en una fábrica de plásticos, con tan mala suerte que un accidente de tráfico dirigiéndose a su puesto, le deja lesionado. La recuperación es lenta y tras muchos tribunales médicos le declaran una minusvalía permanente que le va a impedir volver a trabajar. Y la resolución de los juicios pendientes, y la indemnización del accidente no llega…
Pero todo esto se va sobrellevando, como siempre con bromas y risas, aunque por dentro todo cueste.
El día 30 de septiembre del 2008 nace Alba, no se si decir, una muñeca, un juguete o una bendición, o tal vez, todo ello.
Aunque Alba llora cuando nos ve, se le pasa enseguida, y pone esos morritos que solo ella sabe poner, y cuando sonríe está para comérsela, no sabría decir a quien se parece más. Si a su padre o a su madre.
Ya veis, una historia como cualquier otra.
Alba crece, y como cualquier niña o niño de su edad, siempre tiene moquitos o está constipada. Al cumplir un añito, los bronquios se le llenaron de mocos y una pequeña complicación le hizo permanecer ingresada durante 10 días.

Alba se recupera y regresa a casa. De vez en cuando sigue afectada con los mocos, pero es algo pasajero, que con tratamiento remite pronto.
Alba cumple 2 años, y otra vez con mocos y el peregrinaje a consulta, hospitales, y noches sin dormir. El día 9 de octubre, como tantas veces, por la noche va al ambulatorio para que le pongan un inhalador y pueda pasar una buena noche.

Tras la mascarilla, Alba empieza a llorar y de pronto da la sensación de que se desmaya, y de pronto, y ante la mirada de los médicos que no supieron reaccionar, entra en parada cardio respiratoria. Gracias a la tenacidad del médico del Samur, y tras 45 minutos sin oxígeno, consigue reanimarla, ingresándola de urgencias para evaluar los daños tras la parada.
Muchos días en la UCI, y con noticias muy poco claras los médicos divagan con el diagnóstico y lo dosifican. Primero ceguera, después falta de movilidad, tal vez problemas con el habla o el conocimiento. Finalmente las cosas claras y un diagnóstico: parálisis cerebral.

No sabemos como evolucionará, lo que si tenemos claro es que va a necesitar de muchos cuidados médicos, con terapias alternativas, mucha rehabilitación y tratamientos costosos, que la seguridad social no cubre. Y que vamos a seguir luchando mientras queden fuerzas, y fuerzas no nos van a faltar.
La medicina avanza de una manera asombrosa y hay que estar preparados para cualquier tipo de novedad que pueda beneficiar a Alba.

Esta es la historia de Miguel y Ana, una historia real, la historia de su hija Alba.

Comments

comments